3 casos de amor industrial que cocinan normas sobre sustancias tóxicas

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El ‘amor’ entre la industria y la Comisión Europea, que alcanzó su punto máximo en 2025, bloquea la adopción de normas de protección frente a sustancias tóxicas.

Crece el amor a la industria

El amor de la Comisión Europea con la industria crece. Así lo demuestran las reuniones entre ambas, que alcanzaron su máximo en 2025, llegando al 69% de todas las reuniones mantenidas por la Comisión.

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Y si el amor se demuestra con el número de citas, el de la Comisión con las ONG está en un mal momento porque sus reuniones caen del 22% al 16%.

Amor a la desregulación

En el caso concreto de la agenda de desregulación o simplificación que sufrimos con las leyes ómnibus, su responsable, Dombrovskis, mantuvo el 84% de sus reuniones con empresas o asociaciones empresariales, frente al 7% con ONG.

Bloqueo de la regulación de las sustancias tóxicas

Hay una larga tradición industrial en el bloqueo de normas de protección de la salud y la naturaleza, desde el tabaco hasta los combustibles fósiles, desde los plásticos hasta los productos químicos. Las tácticas suelen ser las mismas: generar dudas, presionar a los reguladores y presentar sus productos como ‘seguros’. El objetivo es siempre el mismo: mantener sus beneficios.

La industria de productos con sustancias nocivas no debería influir en la redacción de las leyes que pretenden proteger de esas sustancias.

Pero en la realidad, sí influyen, como recoge el reciente ‘Manual de contaminación‘ del Centro para el Derecho Ambiental Internacional (CIEL), de donde extraemos estos 3 ejemplos reales:

1 El estudio fantasma del glifosato

En el 2000, se publicó una evaluación de los riesgos del herbicida a base de glifosato RoundUp que concluía que ‘no hay indicios de que suponga ningún riesgo para la salud humana‘. Este estudio se ha citado como prueba de la seguridad del glifosato durante dos décadas, hasta que fue retirado en 2025, cuando se demostró que detrás estaba Monsanto. Por desgracia, la retirada del estudio no borrará veinticinco años de contaminación.

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2 La estrategia para no prohibir los PFAS

Los per y polifluoroalquilos o PFAS son un grupo de unas 10.000 sustancias sintéticas muy persistentes y tóxicas empleadas para impermeabilizar, que según datos de biomonitorización humana, pueden causar daños al sistema inmunitario y al metabolismo de las grasas, además de poder actuar como disruptores endocrinos, cancerígenos y tóxicos para la reproducción.

Se ha descubierto que empresas productoras, como DuPont, 3M o Arkema conocían que estas sustancias químicas eran ‘altamente tóxicas’ desde 1970. Aun así, emplearon estrategias para bloquear su regulación.

Cuando una investigación periodística demostró la enorme y eterna contaminación por PFAS en Europa, la UE propuso prohibir toda su producción.

Ante esta posibilidad, la industria ha vuelto a patrocinar estudios para evitar la prohibición de grupos enteros de PFAS, a hacer uso de su acceso privilegiado a las instituciones y a promover mensajes alarmistas, exagerados e incluso falsos sobre la falta de alternativas y las terribles consecuencias para la economía que traería esta prohibición.

Lugares contaminados por PFAS según la investigación Forever pollution.

De momento, la estrategia le está funcionando porque la Unión Europea está valorando reducir la prohibición a solo algunos grupos de PFAS y con periodos de cumplimiento excesivamente largos.

Mientras, no hay dinero suficiente para pagar la eliminación de los PFAS de nuestros cuerpos ni del medio ambiente.

3 La estrategia con los insecticidas mata-abejas

En 2013, un dictamen científico de la EFSA concluyó que tres neonicotinoides (clotianidina, imidacloprid y tiametoxam) suponían un grave riesgo para las abejas (aunque también causan daños en la salud humana).

En respuesta a este dictamen, las productoras de neonicotinoides Syngenta y Bayer financiaron estudios para generar incertidumbre en las instituciones reguladoras, al tiempo que presionaron y amenazaron con tomar acciones legales.

Finalmente, la UE prohibió los tres neonicotinoides para todos los usos al aire libre. Pero siguen empleándose en invernaderos, a pesar de que, como Ecologistas en Acción denunció, los plaguicidas escapan de estas estructuras y contaminan las zonas circundantes.

Bruselas

La industria de plaguicidas hace suya la terrible frase ‘todo vale en el amor’… al beneficio.

Está claro que necesitamos normas rigurosas que nos protejan de que las grandes empresas influyan en la formulación de políticas sobre las sustancias tóxicas que ellas mismas fabrican.

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