Manzanas españolas, legales pero con cócteles de pesticidas

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El 85% de las manzanas europeas de producción agroindustrial (el 80% en el caso de las españolas) están contaminadas por una mezcla de pequeñas cantidades legales de pesticidas cuya toxicidad conjunta se desconoce.

Análisis de manzanas

La organización PAN Europe nos invitó a comprar manzanas en supermercados para analizar si algún plaguicida las contaminaba. Aunque solo se podía pagar análisis de un número reducido de manzanas (5), era una oportunidad para hacer un pequeño examen de la situación.

El primer resultado de los análisis nos alegró: todas las manzanas españolas cumplen la normativa de plaguicidas, es decir, ninguno de los residuos de plaguicidas supera el límite legal permitido.

Primer resultado: las manzanas españolas cumplen la normativa.

Mezcla de plaguicidas

Pero otros resultados nos preocupan. Por ejemplo, aunque en cantidades pequeñas, 4 de las 5 manzanas españolas tienen más de un plaguicida. Veamos los resultados en la tabla siguiente:

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Entre los plaguicidas detectados, hay varios muy preocupantes:

  • El captán, detectado en 2 muestras, es un fungicida altamente tóxico para los organismos acuáticos y clasificado como sospechoso de ser cancerígeno. Según PAN Europe, el captan fue reautorizado en la UE en contra de su propia legislación porque la Comisión Europea lo reautorizó en contra de la evaluación de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que no identificó ningún uso seguro para este fungicida. En la actualidad hay un proceso judicial en curso.
  • El fludioxonil, detectado en 3 muestras, está identificado por la EFSA como disruptor endocrino desde 2024 que debería haberse prohibido en la UE. Este PFAS es tóxico para el hígado y los riñones de los seres humanos, y diezma a los peces y anfibios en los medios acuáticos. Debería eliminarse porque está en la lista de la UE de ‘Candidatos a la sustitución‘ y tiene numerosas alternativas disponibles.
  • El acetamiprid, presente en 2 manzanas, es un insecticida muy tóxico para las abejas, que suma cada vez más evidencia científica de que es una sustancia neurotóxica que atraviesa la barrera placentaria y puede afectar al desarrollo del cerebro de los fetos. La EFSA le indicó este peligro a la Comisión Europea en 2013, quien tras años de retraso ha solicitado a la industria de pesticidas un estudio de neurotoxicidad para el desarrollo. También el deltametrín, en 2 muestras, se considera neurotóxico.

Los resultados de los análisis de manzanas españolas son semejantes a los del resto de Europa.

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Imagen del informe ‘Cócteles de pesticidas PFAS y neurotoxinas en la mayoría de las manzanas europeas’ de PAN Europe

¿Y qué pasa con el efecto cóctel?

Insistiendo en que las manzanas españolas testadas cumplen con lo que pide la ley, no podemos dejar de lado que exponen a la población a una mezcla de plaguicidas con efecto desconocido. Ningún organismo ha efectuado ensayos de toxicidad de las mezclas por falta de una metodología.

Por lo que sea, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria no ha encontrado tiempo para desarrollar una metodología para los efectos combinados de los pesticidas en los últimos 20 años, cuando recibió la orden de hacerlo.

Lo que se sabe, gracias a estudios científicos independientes, es que la mezcla de plaguicidas en alimentos, más otras sustancias y sin perder de vista la contaminación de agua y aire, puede causar un daño superior a los daños de cada sustancia por separado. Es lo que se conoce por efecto cóctel, que queda bastante bien ilustrado en esta imagen:

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¿Qué podemos hacer?

Las manzanas cumplen la normativa, luego la agricultura europea está cumpliendo.

Las que no cumplen con su obligación son las administraciones europeas y españolas, que no están ayudando ni a su agricultura ni a su población.

Ante el riesgo para la soberanía alimentaria que plantea el tratado de libre comercio con Mercosur, nuestras administraciones deberían ayudar a la agricultura local a cultivar con menos plaguicidas. Deben ayudar con formación y financiación para que los productos europeos se diferencien como libres de tóxicos y, de paso, proteger la salud de nuestras agricultoras, de la población y de nuestros ecosistemas.

También pueden exigir los estándares de protección europeos a otros países que quieran vender sus alimentos en la UE.

Independientemente, la UE debe aplicar su propia ley. No hay excusa para que se detecten pesticidas que según la normativa europea deberían estar prohibidos desde hace mucho tiempo, como el acetamiprid, tóxico para el cerebro infantil, o el fludioxonil, clasificado como disruptor endocrino.

Pero en lugar de cumplir su legislación, la UE propone debilitar la protección de la salud con un Ómnibus sobre alimentos y piensos que propone desregular los plaguicidas permitiendo períodos de aprobación ilimitados y eliminando la obligación de reevaluar su toxicidad cada 10 o 15 años. También propone permitir a los Estados miembros que ignoren las últimas pruebas científicas sobre la toxicidad de los plaguicidas cuando les toque evaluar la toxicidad de un plaguicida.

Los análisis en unas cuantas manzanas son suficientes para ver que se necesita una regulación más exhaustiva, no menos.

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