España regala 430 millones de € a la industria de plaguicidas y fertilizantes cada año

06 Mar 2026
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En 2024 España regaló a la industria de plaguicidas y fertilizantes 430,65 millones de € en incentivos gracias a su IVA rebajado.

8.000 millones a incentivos perversos

La agricultura intensiva es una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en Europa, tanto por la pérdida de paisajes y ecosistemas sustituidos por monocultivos como por el enorme uso de plaguicidas.

Como consecuencia, las poblaciones de aves de los entornos agrarios han caído un 39 % en España en los últimos 30 años y especies clave, como los abejorros, se encuentran en riesgo de extinción.

La investigación pioneraIncentivos perversos‘ de Ecologistas en Acción y Economistas sin Fronteras desvela que, con las subvenciones que otorga al sector primario, España gasta cuatro veces más en destruir la naturaleza que en cuidarla.

Consideran incentivos perversos a aquellos que perjudican a la biodiversidad, intencionalmente o no.

En 2024, las administraciones públicas concedieron 8.000 millones de euros a actividades y empresas relacionadas con la pérdida de biodiversidad, mientras que su presupuesto para la conservación y restauración de la naturaleza fue de 2.000 millones de euros.

En total, sumando las subvenciones de la PAC, las ayudas a fertilizantes y plaguicidas y las ayudas para la modernización de regadíos, se han identificado 7.417,7 millones de € de subvenciones perjudiciales para la biodiversidad vinculadas al sector agrario.

Incentivos fiscales a plaguicidas

A pesar de su grave impacto en la salud de los ecosistemas y, en demasiados casos, en la salud humana, España subvenciona el uso de plaguicidas a través de su política fiscal.

La política fiscal permite que los plaguicidas tengan una IVA del 10% en lugar del 21% general.

Teniendo en cuenta que el sector agrario intensivo español consume gran cantidad de plaguicidas cada año (56.353 toneladas en el año 2022), la cantidad de dinero que España deja de ingresar es enorme.

Solo en el 2024, las arcas públicas dejaron de ingresar 430,65 millones de € por estos incentivos al uso de plaguicidas y fertilizantes.

La rebaja del IVA a los plaguicidas, que se presenta como una ayuda a la agricultura, es en realidad una ayuda a la industria que los produce y vende. La auténtica ayuda a las y los agricultores sería emplear ese dinero en la transición a una forma de agricultura que no cultive con veneno.

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Datos del informe ‘Incentivos perversos’ de Ecologistas en Acción y Economistas sin fronteras’

El caso del glifosato

Por ejemplo, la rebaja del IVA al herbicida glifosato, un herbicida tóxico empleado en tal cantidad que contamina el 34,6% de las aguas superficiales españolas, supuso que España dejara de ingresar 54,3 millones de € entre los años 2013 y 2022.

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A este dinero no ingresado habría que sumar los graves impactos a la salud del herbicida así como los impactos a la biodiversidad. Y a esto, sumarle que si sale adelante la propuesta de ómnibus alimentario de la Comisión, el glifosato podría tener autorización ilimitada.

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De la misma forma, España deja de ingresar millones de € por los incentivos al resto de plaguicidas.

Ayudas al sector agrario sí, pero de otra forma

Según Ecologistas en Acción, es prioritario que se eliminen los incentivos al uso de cualquier plaguicida y fertilizante. Estos incentivos, que alcanzan el 16% de las ayudas identificadas, suponen costes para los sistemas sanitarios por los daños que causan a la salud y dañan gravemente al resto de seres vivos del planeta.

El IVA reducido, además, beneficia a las empresas que comercian estos productos, en lugar de destinar ese dinero a modificar los métodos de cultivo para que cada vez empleen menos insumos tóxicos.

Otro aspecto importante es que, como la mayoría de los incentivos se dan en función de la superficie agraria o del número de cabezas de ganado, generan la desigualdad actual: que el 20% de las explotaciones más grandes acaparen el 80% de las ayudas.

Para que el sector agrario pueda seguir recibiendo ayudas públicas sin contribuir a la crisis de la biodiversidad, debe reformarse la Política Agraria Común, condicionando las ayudas a la protección de la naturaleza y apoyando a las pequeñas explotaciones.

Dar incentivos a una agricultura que cuide la salud y la biodiversidad.

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